20 sept. 2012

¡Cierra el hocico y mueve el culo, mierda!



Me encanta comer. No, perdón. Me fascina comer. Encuentro que hay pocos placeres más pulentos que una buena comida. Y no soy buena midiéndome por lo tanto, durante toda mi vida he luchado una batalla incansable contra los kilos demás. 

En la lucha, he probado de todo: la dieta de la sopa, del agua, de saturno y cuanta huevá de moda ha aparecido por ahí. Perdía peso sin "tanto" esfuerzo, pero lo recuperaba más rápido de lo que demoro en armar un carrete. Eventualmente la vida, mi santa madre y una procesión por cuanto médico gurú existe, me enseñaron que la única manera de perder peso es dejar de comer huevás y hacer ejercicio. Corta.

Así he logrado ir ganando la batalla de manera mucho más lenta, pero más segura. Nunca he vuelto a tener los rebotes infernales de perder 10 kilos y recuperar 15. Y lo mejor, es que no he dejado de chupar y comer como si me fuera a morir mañana, pero ordeno mejor las comidas y santo remedio para la huevá.

Por eso, me carga la obsesión culiá de las minas con las recetas mágicas para bajar de peso. No existen. La única manera de bajar de peso es cerrando el hocico y moviendo el culo. Nada de la dieta del hospital de Cumpeo City, ni los hongos musulmanes, ni la nuez del Shangri La, ni que el bioritmo, ni nada. 

Pero por sobre la histeria femenina del rollo que empieza a plagar todo -en especial post dieciocho donde las flacas raquíticas se espantan porque subieron un puto kilo después de una semana completa de jarana- lo que más me carga, aún más que el pensamiento maricón mágico de que los kilos de más van a desaparecer por obra y gracia del Espíritu Santo, es la queja constante de las flaquigordas.

Las flaquigordas son las minas que siempre están peleando con el rollo, con "los kilos de más" (cuando con cuea deben ser 2 ó 3) y que son las maestras de medir cuanta puta caloría consumen. Lo peor, es que te miran con desprecio y hasta asco porque te gusta comer. ¡¡¡Y se atreven a darte consejo, las conchesumadres!!!

Hasta tengo una amiga que la Jefa le hace bullying alimenticio. Así, tal cual lo escuchan. Mi amiga es lenda y regia y su único pecado es el asado del fin de semana -no es una gorda obesa mórbida- y la Jefa la huevea todo el día con lo que come. Cada vez que se lleva algo a la boca, la Jefa la mira con cara de asco. "Deberías ir al gimnasio", "¿En serio te vas a comer todo eso?" y un montón de opiniones que nadie pide. ¿Qué se cree la muy maraca?

Si bien yo y mis congéneres no nos llevamos por lo general bien, la Flaquigorda debe ser el tipo de mina que más me revienta los ovarios con su obsesión con el peso, el gimnasio y la comida. 

¡¡COMAN LO QUE QUIERAN Y VIVAN FELICES, HUEVONAS!!

4 comentarios:

Sofia Toledo dijo...

Buena! jajajaja

Sofia Toledo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Felipe (R.) dijo...

No, y anda a ver que la hueaita se le está pegando a los hombres también, o al menos a los que yo conozco.

De todas formas, es como en todo nomás: Nadie deja vivir a nadie.

Saludos

Anónimo dijo...

Jajajaja puta que odio a las flaquigordas...



Paula.